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Me colgué de una rugosidad blanda y no sabía dónde me encontraba.
(sangría) Logré subir un pequeño tramo cuando se movió la superficie. Comencé a preocuparme. La inclinación se enderezó lo suficiente como para ponerme de pie. Pude observar tres paredes con su techo, estaba dentro de un cuarto. Había una luz tenue de una lámpara con pantalla de pie sobre un buró que me dejaba ver con claridad. ¡Todo era enorme! No comprendía qué me había pasado. ¿Por qué de repente estaba colgado de un como pellejo?
(sangría) Espérense, después vi aparecer, desde la oscuridad de un rincón, una silueta. La silueta se dejó acariciar por la luz, era una mujer. ¿De dónde salió? Era como unas mil veces más grande que yo. Su rostro era bello y sus ojos irradiaban sensualidad. Pude ver sus ojos porque miró hacia mí. Ella se acercaba, ya sin ver hacia mí, más bien lo hacía muy por arriba de donde me encontraba, como si viera a otra persona. Estaba desnuda.
(sangría) Ese pellejo donde estaba creció y endureció. Supuse que estaba sobre una verga. Me volví de inmediato y qué sorpresa, enfrente tenía la maleza del pubis de un hombre. Di unos pasos con incertidumbre para atrás viendo el pubis, alcé la vista hasta la barbilla del hombre, sin estremecerme pensé en la facilidad de la que podría ser aplastado o caerme. Me volví de nuevo hacia la mujer, ella se aproximó a mí, al hombre, y sufrí un espasmo.
(sangría) Casi pegada a mí, a él, sentí más intenso que de costumbre el olor de la vagina, olía bien, pero fuerte, casi insoportable. La mujer se alejó de repente y se salió del cuadro de mis ojos. El hombre giró sobre sí mismo, para mí fue como si girara en un juego mecánico de la feria, me arrodillé para no caerme, tuve que abrazarme a lo que pensé nunca haría.
(sangría) Del giro encontré a la mujer acostada en la cama. Se acercó, me acerqué a ella lentamente. Tuve una vista muy interesante. Sus piernas me parecieron larguísimas, además de que eran delgadas y bien formadas, su pubis peluqueado, pero no a rape, el monte de venus fino y prominente, sus vellos delgados, cortos y negros.
(sangría) Me acerqué, él se acercó, cada vez más. Ella abrió las piernas. Su labio interior emergió abriéndose y su sol saliente hizo que se me escurriera un hilo de baba por la boca mientras me acercaba por completo. Me di cuenta de la baba y me limpié con nerviosismo y miedo, pensé que me ahogaría cuando él introdujera su verga en la vagina. Por fortuna lo hacía con una lentitud desconocida para mí, yo me aventaría como de un clavado a la piscina con mi lengua de fuera, pero ellos no. Sentía la suavidad con la que se querían, así que pude pensar que, al contacto de los sexos, saltaría y me agarraría del primer vello de ella que pudiera. Gracias a Dios que ella tenía vellos alrededor y debajo de su labio superior, sin que le llegaran al culo, cosa que, si llegaran, no me incomodaría en lo más mínimo, estéticamente hablando.
(sangría) Me calmé el miedo y me dio otra cosa, me excité y asombré. Sí. Entró la puntita, la cabeza de la verga fue engullida por el agujero de la vida. Tuve tiempo de admirar la jugosidad de los labios. Se han acrecentado todavía más, el clítoris era hermoso. Salían gotas lubricantes en cantidad. Grandioso. Nunca lo había visto tan de cerca y de esa forma, cuando yo lo he hecho no lo he podido ver, y tampoco lo había visto en las películas porno y las fotos y videos de la internet, de donde me enorgullezco ser todo un lobo de mar. Era un gran espectáculo. Era un espectador privilegiado. Lo hacían más como humanos, con amor, como diría alguien que no fuera yo.
(sangría) Me agarré del primer pelo. Resbalé un poco. Mis manos se sujetaron bien, hicieron un buen esfuerzo, al igual que mis piernas, con las que se coordinaron con destreza, como si fuera el deportista que no era. Logré escalar con éxito.
(sangría) ¡Todo desapareció!
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Desperté agitado. ¡Qué sueño tan ridículamente extraño! Por fortuna el tamaño de mi cuarto tenía sus dimensiones normales. Algún día hablaré a mi programa favorito de radio, donde cualquiera podía llamar para contar sucesos increíbles, y decirle a todo el mundo mi sueño.
(sangría) Me destapé. Saqué mis piernas de la cama. Bostecé y me estiré. Intenté abrir la puerta, pero no pude, se trabó. Ha de ser alguna broma, me dije, pero ¿de quién? Vivía solo.
(sangría) Me asomé despreocupado por la ventana. Con asombro e intriga me di cuenta de que el cielo estaba rojo, alrededor de mí había edificios por completo rectangulares y sin ventanas, además de que eran morados. Si no hubiera estado tan impresionado, seguramente habría pensado en por qué yo sí tenía ventana. No había árboles, tampoco gente y el piso era un espejo que reflejaba el color rojo del cielo. Vi varias bolas o pelotas o seres de color azul rodar por el espejo de fuego.
(sangría) Creí que estaba enfermo. Me alejé de la ventana, pude verme en el vidrio, tenía el pelo despeinado como si me hubiera revolcado por una colina bañada por un sol pesado de la tarde. Los cachetes estaban inflamados y salpicados de venitas rojas. ¡Esto no es real! Me dije desesperado. Me metí en la cama para no despertar otra vez.
(sangría) Desafortunadamente abrí los ojos de nuevo. Tenía miedo y sudaba. Me asomé por la ventana con precaución y el paisaje se normalizó. La puerta ya no estaba trabada. Fui rápido a remojarme la cara. El agua estaba fría. Dejé de sentir una presión amarga en mi estómago que me había invadido en lo que parecía mi segundo sueño. Levanté el torso y al quitarme las manos de la cara noté que el espejo de arriba del lavabo reflejaba todo el baño menos a mí.
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